Cuento por: Luis E. Rivera Colon
Chaguito vivía siempre lleno de fantasías y sueños, los cuales quería realizar en un futuro no muy lejano. Como cualquier joven de su edad planificaba su futuro con mucho esmero y dedicación. Trabajaba «ajustao» para así guardar aquel dinerito muy bien receloso dentro de una botijaque Ie habia regalado su abuela Anastasia. Uno de sus anhelos era casarse algún día y quería hacer Ia mejor fiesta de boda de toda Ia comarca.
Los domingos muy temprano, caminaba por toda la colindancia de don Teyo para poder llegar al camino real que lo Ilevaria hasta el barrio donde vivia su novia Filomena, guapa joven de 17 años de edad. bella flor que se sonrojaba de emoción cada vez que Chaguito Ilegaba a su casa a visitarla. Joven esbelta de cabellos negros largos, algo timida y trabajadora.
—Tengo que hablar con don Benito para que me deje casar con Filomena — pensaba Chaguito mientras aceleraba el paso para poder llegar lo mas pronto posible adonde su amada. — ;Tengo dinero suficiente para Ia boda y hasta me puede sobrar algo para los proximos dIas! — decia mientras silbaba una melodla que refrescaba Ia larga caminata.
Don Benito no tuvo objeción en que Ia pareja se casara pero — creo que deberían esperar unos meses mas hasta que se realizaran unas ventas de productos de Ia finca, pues necesito de tu ayuda— decía éste mientras caminaba junto a Chaguito por la vereda que llevaba a Ia quebrada para darle agua a las reses. — Del dinero que ganase Ie servirá para seguir viviendo — le decia don Benito mientras Ie tiraba una bocanada de humo a la cara de Chaguito.
Tenia que ser como decia don Benito. Esto hace que se Ie ocurra una idea y llamando a su novia le dijo: — del dinero que gane trabajando con tu papa lo guardarás como mejor puedas y luego lo usaremos cuando estemos casados.
— Pero ~dónde lo guardo que no Ie pase nada? — dijo Filomena con una sonrisa tierna que hacia que brillaran sos dientes como perlas dentro de una concha.
— Consiguete una botija, pones el dinero alli y luego Ia entierras en un lugar que solamente tu lo sepas -= Llesusurrú Chaguito al oido para que nadie Io escuchara.
Y asi lo hicieron. Con el transcurnIr del tiempo, ella guardabael dinero que Chaguito le daba, dentro de unabotija muycerca de unaceiba que crecía majestuosa a laorilla de Ia quebrada.
En cambio, Chaguitoescogió para enterrar su botija al lado de la piedra que descansaba en el tronco de una guava en lo mas profundo de la finca de café de su casa.
Pasaron los meses y la pareja crecia enamor, anhelando queIlegara el dia de la boda Meses que se convertian en años y no venía el tan codiciado dia Por fin, Don Benito accedió y comenzaron los preparativos para la tan esparada boda.Y Ilegó el día. Gran algarabia enelbarrio deFilomena. Lahija de don Benito secasaba con Chaguito elde el otro»lao» de Iamontaña comose conocía elbarrio de éste. Mucha comida, bebidas, música y parejas bailando. DoñaRosalia, la madre de Fllomcna, lloraba de emoción al ver Ialuz de sus ojostan feliz. Todos brindaron por Iafelicidad de losnovios. Los musicostocaban detodo lo que las parejas podían bailar. Todo era untorbellino de fiesta y alegria.
De momentohubo un silencioque hizo que lapareja se sorprendiera y buscase Iarazón del mismo. En el umbral de Ia salase encontrabaEvaristo, apodado como «el Peleaor«, hijo de CarmeloSantana el jaquetón delbarrio, con una botella deron en la mano. Y como lo diceelrefrãn «que loque se hereda no se huta«, «de talpalo, tal astilla«. Evaristo siemprevivió enamorado de Filomena peroesta nunca lerespondió.
Silencio total. Los músicos guardaron los instrumentos. Lasparejas se pegaron a las paredes tratando deesconderse entre las rendijas y solamente quedó enmedio de lasala Chagulto y Filomena. Evaristo se acercó tambaleándose y vocifcrando casi sin podérsele entender.
—Esa nena va aser mia— dijo mientras agarraba a Chaguito por la solapa de lacamisa.
– —Eso lo veremos — dijoChaguito dandole con elpuño cerrado sobre la cara haciendo que
Evaristo cayera al suelo y comenzara a botar sangre por lanariz.
—En mi casa nadie pelea— dijo donBenito sacando un espain que sesostenía soberbio en unvirote de lapared de lacasa.
Rapidamente Chaguito agarra a Evaristo delpiso para poderloarrematar. Pero ungruñido de dolor sale de laboca de éste al sentir que unmetal frio, que lo quema pordentro, hace quealgo rojo y viscoso saliese desde lomas profundo delcorazón. Lentamente va cayendo mientrasEvaristo vasacando elpuñalque sin compasiónextrae lavida en unOltimo intento porvivír. Gritería de Iagente. El correr deotros por evitar lo quepudiese suceder. Llantos, lamentaciones, maldiciones y unespain que se levanta enelaire partiendo casi a lamitadelcuerpo deEvaristo quecae de costado como un saco de arena pintado derojo. Filomena simplemente quedasorprendida y no llora,… ni sufre,… ni va en buses de su yaesposo a.mado. Sólo quedaperpleja enniedio de lasala pintada derojo, al ladode un padre con un espaínensangrentado.
Ha pasado eltiempo y la gente se ha acostumbrado a vivir con elrecuerdo de aquellabodasangrienta. Acostumbrada a preguntar por donBenito queestá en la cared porhaber matado a unser humano. Acostumbrada a ver aFilomena caminar todos los días con Iamirada sin ningun tipo de expresión y comotema de conversaciónsolo pregunta: — ~ Usted no havisto una botija para unenticrro eneste barrio? Pues yo tengo unabotija aquí y otrabotija allá—. Claro que lagente no entiende loque ella contanto afán busca.