Con Halloween a la vuelta de la esquina, pensé en compartir una de las mejores bromas de mami (Cia) con todos los Latos. Como saben, ella nació en Halloween y, en una especie de cierre perfecto, también se fue al cielo en Halloween. Ella siempre fue nuestra gran bromista, el auténtico ‘Joker’ de la familia. Y esta historia demuestra por qué.
Entonces, imagínense: es un martes cualquiera, yo estoy en la oficina, mirando mi computadora y preguntándome si mi café se rellenará mágicamente, cuando suena mi teléfono. Es Pepe, mi hermano mayor, y suena como si estuviera a punto de explotar.
“Hermano, necesito que te sientes,” me dice en un susurro que no disimula nada.
“¿Eh… ok?” le contesto, ya sospechando un poco de su emoción.
Y entonces suelta: “¡MAMI SE GANÓ LA LOTERÍA! ¡La grande! Estamos hablando de millones, ¡hermano!”
Casi dejo caer el teléfono. “¿Qué? ¿Es en serio?”
“¡Te digo que sí!” gritó Pepe, con la voz cargada de emoción. “¡Renuncia a tu trabajo, hermano, porque ya no lo
necesitamos!”
Según Pepe, la noche anterior, Mami le había dicho que iba a ir a la tienda a jugar la lotería ‘Pick 6’ con el bote ganador en millones.
Nada raro; ella lo había hecho otras veces, sin que pasara nada especial. Pero, a la mañana siguiente, con toda la calma del mundo, le pasó un papel a Pepe donde había anotado los números que había jugado. El ticket oficial se lo había dado a su nuera Maribel, quien trabajaba en un banco, para protegerlo, y le pidió que verificara los números ganadores de la noche anterior. Le dio una sonrisa serena, como si nada, mientras él escaneaba los
números en el papel.
Y fue entonces cuando Pepe se volvió loco.
“¡MAMI! ¡AY DIOS MÍO, MAMI! ¡GANASTE! ¡TE SACASTE TODO!” gritaba, agitando el papel como si fuera de oro puro.
Mami abrió los ojos en un gesto perfecto de sorpresa y se tapó la boca. “¡Ay Dios mío! ¿Es real?” susurró, con los ojos brillando como si no lo pudiera creer. Incluso se dejó caer al suelo, agitando las manos y los pies,
gritando con emoción.
Pepe, convencido de que esto era lo más real del mundo, agarró el teléfono y empezó a llamar a todos. Uno a uno, recibimos la llamada de nuestras vidas.
“¡Chicos, CHICOS!” gritaba, como si acabara de descubrir el tesoro escondido. “¡SOMOS RICOS! ¡MAMI
GANÓ EL PREMIO MAYOR!”
Yo todavía estaba en la oficina, escuchando a Pepe describir cómo éramos oficialmente millonarios. Ya estaba en las nubes, planeando mis vacaciones soñadas. Mis hermanos, uno a uno, empezaron a gritar, reír, e incluso algunos lloraban; hasta escuché a uno decir que nunca volvería a poner un pie en su trabajo.
Cuando Pepe terminó de llamar a todos, ya estábamos en una verdadera celebración.
Y Mami, en medio de todo, escuchando, asintiendo y comentando cosas como: “Bueno, tal vez me compre una casita en el campo de Barranquitas… nada muy grande,” y “¿De qué sirve el dinero si no podemos disfrutarlo juntos, verdad?” Todos estábamos asombrados; nuestra Mami, la reina de la lotería, la millonaria de la noche a la mañana. Entonces, justo cuando habíamos llegado al clímax de la emoción y todos mis hermanos estaban listos para dejar sus trabajos y vivir a lo grande, Mami aplaudió para llamar nuestra atención y nos dio esa mirada calmada,
con un brillo en sus ojos.
“Bueno, bueno, todos, escúchenme, tengo algo importante que decir.”
Todos guardamos silencio, con el corazón latiendo a mil por hora. Este era el momento. Nos iba a contar sus grandes planes, tal vez revelar lo primero que quería hacer con su fortuna.
“Bueno,” empezó, con la voz calmada y controlada, “no es que exactamente me haya sacado la lotería…”
La sonrisa de Pepe empezó a tambalearse. “Mami… ¿qué quieres decir?”
Ella sonrió, con ese brillo travieso de quien nació en Halloween. “Es que llegué muy tarde a la tienda para poder jugar la lotería y le pedí al dependiente que me diera los números ganadores de la noche anterior,” dijo, apenas conteniendo la risa, “y solo… los copié en un papel.”
Nos quedamos con la boca abierta. Silencio. Se podía oír caer un alfiler mientras nuestros sueños se desmoronaban ahí mismo. Pepe, todavía aferrado al boleto como si fuera el Santo Grial, estaba paralizado, su cara cambiando de “rico más allá de lo creíble” a “engañado pero asombrado.”
Y entonces, uno por uno, empezamos a reír. Risas, suspiros y finalmente carcajadas llenaron la habitación mientras la realidad se asentaba. Solo Mami podría hacer algo así: hacernos sentir millonarios por una mañana solo para quitarnos el piso con un guiño y una sonrisa. ¡Qué actriz! ¡Se merece un Oscar por esa actuación!
Así que, Mami, este Halloween te celebramos, Joker eterno. No nos dejaste millones, pero nos aseguraste una
vida rica en historias, risas y bromas que recordaremos, especialmente en Halloween.
Carlos ‘Charlie’ Rivera
Hijo de Latito y Cia»