Respuesta A Una Maleta de Sueños- Por: Luis (MaAna)

Respuesta A Una Maleta de Sueños- Por: Luis (MaAna)

Respuesta A Una Maleta de Sueños- Por: Luis (MaAna)

La historia de esa maleta la recuerdo muy bien. Mientras me preparaba emprender mi viaje hacia Estados Unidos, tía Toya tan generosa me prestó su maleta. Después de un prolongado tiempo era mi responsabilidad de devolver la maleta a que en confianza tía Toya me prestó.  Al preparar el paquete para mantenerlo firme el interior debía que rellenar. A la tienda Luis se fue y compró varios juguetes y otras cositas más para el hueco rellenar. Ya el paquete está listo y por correo lo envío.

Jamás nunca pensé que con tan simple acto a los niños de tía Toya causaría tanta alegría, regocijo y felicidad al abrir dicha maleta.  Después de tantos años la historia de esa maleta aún adultos con cariño la recuerdan.  Yo me siento emocionado, agradecido y abochornado  también porque en realidad tantos elogios no merezco.  Cuca y demás familia gracias por recordarme en una forma tan positiva.

El Vigilante del Sofá- Por Charlie

El Vigilante del Sofá- Por Charlie

El Vigilante del Sofá- Por Charlie

Un Cuento de la Siesta Fallida de Tío Monche
Ya que estamos hablando de historias de Tío Monche, permítanme compartir una que ha estado presente en nuestra familia durante varias décadas. Una que me involucró cuando tenía unos 4 años.
Imagínate esto: Newark, Nueva Jersey, en la época antes de que los muebles envueltos en plástico se convirtieran en lo último en diseño de interiores. Nuestra casa era un bullicioso centro de visitas para los
isleños, y mis padres mantenían todo impecable. Sin exageración ninguna mi padre, un hombre militar, hasta realizaba inspecciones con guante blanco. Pero era la regla de oro de mi madre la que reinaba
suprema: NO PIES EN EL SOFÁ.

Entra en escena Tío Monche, víctima inocente de un pequeño justiciero (yo mismo). Después de un día de ser perseguido por un niño hiperactivo, Tío Monche decidió echarse una siesta en el sofá prohibido.

Poco sabía él que estaba a punto de protagonizar su propia comedia.
Mientras Tío Monche se deslizaba hacia el mundo de los sueños, con los pies rebelde y descaradamente apoyados en los cojines sagrados, yo salté a la acción. Armado con mi confiable bate de béisbol (porque,
¿qué niño de 4 años no tiene uno?), canalicé mi justiciero interior. Con el grito de guerra de «¡Mami dijo que no se ponen los pies en el sofá!!!», impartí rápida justicia sobre las desprevenidas espinillas de Tío Monche.

El resultado fue una sinfonía de caos:
• Un tío volando por los aires
• Dos espinillas palpitantes
• Tres segundos de silencio atónito
• Y cuatro carajos gritado por un tío muy, pero muy enojado
Por supuesto, la siesta de Tío Monche fue interrumpida, y pronto mi trasero sintió las consecuencias de mi entusiasta aplicación de las reglas. Pero no temas, ¡porque esta historia vivió para siempre! Cada visita a la casa de Tío Monche y Tía Sara se convirtió en una recreación del «Gran Incidente de las Espinillas del ‘54». Te juro que si hubieran recibido un centavo por cada vez que contaron esa historia, ya habrían comprado una fábrica de espinilleras.

La moraleja de la historia:
• Nunca subestimes a un niño de 4 años con un bate de béisbol.
• Los sofás son para sentarse, no para poner los pies (a menos que disfrutes de masajes sorpresa en
las espinillas).
• Cuando cuides niños, siempre usa equipo de protección. Nunca sabes cuándo la policía de los muebles puede atacar.

Al final, me gusta pensar que solo estaba preparando al Tío Monche para una futura carrera como jugador de fútbol. Después de todo, nada fortalece más las espinillas que un niño pequeño con una venganza contra los pies en el sofá.
Charlie Rivera
Hijo de Latito y Cia

Solo le llamaban Beto-Por Kike

Solo le llamaban Beto-Por Kike

Solo le llamaban Beto-Por Kike

Todo era igual en mi barrio.  La mañana era fresca y tranquila.  Había un aroma a café recién colao y a lo lejos un pitirre se desayunaba un insecto al que azotaba contra el cable eléctrico en el que se había parado, para que fuese más fácil de digerir.  De vez en cuando pasaba algún carro desde donde alguien saludaba a don Tavo, el dueño de la tienda col-bar El Roble.

Bajé la cuesta de mi casa y me fui despacito hasta la tiende de Don Tavo a comprar dos libras de pan sobado de la panadería Lo Orocoveña.  Saludé como siempre con un florido «buen dia Don Tavo» a lo que él solo contestó  con su típico «oh».  No demoré en tomar dos libras de pan del centro de la bolsa de papel, pues allí se mantenían más calientitas.  Pagué rápidamente para salir y comenzar a comer del oloroso pan.  En eso lo vi pasar como todos los días.  Caminaba mirando de un lado a otro como buscando algo que había perdido.  Fue cuando salió Don Tavo y le gritó «Beto…», a lo que simplemente Beto lo miró y siguió caminando.

Lo habí visto desde hacía tiempo en el barrio.  Nadie sabía de dónde había venido o en donde vivía.  Se las pasaba caminando todo el dia como viviendo en un letargo.  Muchos lo ignoraban y otros le temían.  Se veía sucio, como si no se bañara en toda su vida.  Lo vi muchas veces pasar por la escuela y detenerse a observarnos desde el otro lado de la verja de sercofén.  Varios niños se les acercaban para saludarlo pero dentro de su timidez prefería mejor seguir caminando.  Otros le gritaban groserías o le tiraban piedras a las que trataba de esquivar y alguna vez le golpeaban y lo hacían gritar y sangrar.  Y parecía que se le olvidaba porque volvía a pasar por frente de la escuela casi todos los días.

Una vez pasó por mi casa y su caminar era lento, perezoso.  Vi que tenía algo de sangre en su cabeza pero eso no hacía que dejara de mirar para todos lados buscando yo no sé qué.   Me compadecí de Beto y quise llamarlo para ofrecerle un plato de comoda o que mi mamá lo curara.  Pero era en vano, yo también le temía con compasión y solo lo miré con tristeza y éste al percatarse, cruzó la calle y continuó  en su mundo, en su deambular, en su letargo.

Pasaron los días y no lo volví a ver.  Pregunté a los vecinos y también le echaban de mens. ¿Qué habrá pasado con él?  ¿Pasaría algo después  que lo vi sangrando por la cabeza?  Me agobiaba pensar que pude haber hecho algo y no lo hice.

Pero mi preocupación se disipó al poco tiempo cuando salí de la escuela y lo vi buscando comida en el zafacón de la escuela.  Tenía todavía la sangre seca en la cabeza reflejo que todavía no había probado un buen baño.

Esperé que pasara por mi casa y haciéndome el valiente, le tenía un buen plato de comida el que quería ofrecerle de buen gusto.

Y a lo lejos lo divisé caminando más rápido y espavilao.  Lo llamé con cariño diciéndole con calma «acércate Beto, ten, es comida buena»  Tímidamente se me acercó y aceptó aquella comida moviendo el rabo y dando un ladrido de felicidad.  Creo que desde ahora somos buenos amigos.

Un Encuentro Allá En El Cielo-Por Nuno

Un Encuentro Allá En El Cielo-Por Nuno

Un Encuentro Allá En El Cielo-Por Nuno

Introducción Por Kike:

Encontrarme con este escrito en versos a puño y letra por nuestro primo Nuno, revolcó en mi ser un hormiguero de sentimientos.  Todo esto sucede por sacar un ratito y rebuscar en un viejo escritorio donde guardo por años cosas que me sorprenden  cuando las encuentro.  Y como decía mi santa madre, «el que guarda, encuentra» GRACIAS NUNO.

OPRIME EL BANNER AMARILLO PARA QUE LEAS COMPLETO EL ESCRITO DE NUNO EN MANUSCRITO.

 

Recuerdos Atesorados Por Kathy (Tia Toya)

Recuerdos Atesorados Por Kathy (Tia Toya)

Recuerdos Atesorados Por Kathy (Tia Toya)

 En el centro de mi isla, entre montañas y brisa

Está el pueblo más hermos, mi Pueblo de Barranquitas.

Pero El Barrio más frondoso, el que se llena de risas

el que tiene a Puente Roto, Boquerán, La Torrecilla.

En tí no queda un rincón, que no sea fiel testigo

de mis locuras de amores, mis penas y regocijos.

Con pomarosas en mano, iba por la veredita

a buscar agua en el chorro, de mi abuelita Andreita.

El dia de coser tabaco, lavar ropa en el pocito

coger café en el canasto, eran mis dias favoritos.

Federico Degetau, nuestra escuela excepcional

y al salir corrían los primos, para el camino real.

Juegos con bambuas y helechos, y el barro de aquel camino

y en el columpio del rancho, que hizo Tio Monche, o Padrino.

Comiendo maricaos y jobos, y cuesta abajo en la yagua

el salto nos esperaba, con el fresco de sus aguas.

Parrandas y Día de Reyes, de Los Latos tradición

al son del guiro y el cuatro, y del coquí su canción.

Recuerdos atesorados, presentes en vida a diario

mis vecinos, mi familia: fiel esencia de mi barrio.

Aunque me encuentro muy lejos, en mi patio está plasmado

te rindo honor cada día, y te extraño, Palo Hincado…

Yulimar (la de Carmín) Recibe Reconocimiento

Yulimar (la de Carmín) Recibe Reconocimiento

Yulimar (la de Carmín) Recibe Reconocimiento

Por: Iris Marianita Rivera

Hoy mi hermanita menor me dio una lección de vida. Aquí recibiendo un reconocimiento por su labor comunitaria en el enriquecimiento de la cultura. Un trabajo al que le ha dedicado más de 10 años con un compromiso genuino y consistencia que hay que admirar. Lo más que me encanta de todo esto es que ella no anda buscando premios. Ella se levanta y hace lo que la apasiona con o sin reconocimiento de nadie. Todos sabemos el impacto de su trabajo todos los días, y lo que ella pone para lograrlo, pero escucharlo de otro de repente te eriza la piel y se hace increíble! Ella es todo esto que dijeron y más. Que grande eres Yulimar Rivera! Sigue inspirando y haciendo patria a tu manera!!! Te amamos tanto tanto!!!!