Un Mulo Para La Historia (Episodio Final) Por: Tony

Un Mulo Para La Historia (Episodio Final) Por: Tony

Un Mulo Para La Historia (Episodio Final) Por: Tony

El Mulo y la Bombilla

Cuando yo tenìa como 10 años en nuestro barrio no habìa electricidad.  Fué entonces cuando comenzaron a instalar postes y cables y le pusieron luz a todas las casitas.

Un día, cayendo yá  la tarde Papi me mando en el Mulo a la tienda a comprar algo y para mi sorpresa habian traído a la tienda un billar (cosa que yo nunca habìa visto) y me quedé entretenido viendo a los hombres jugar.  Cuando me dí cuenta era de noche, me monté en el Mulo y arranqué pa’casa.  De pronto, el Mulo pegó frenos y se paró por completo casi frente  a una casita donde varias personas rezaban el rosario.

Yo seguía tratando de que el Mulo se moviera, le daba para atrás, arrancaba a todo galope y llegando a la casa del rosario trancaba las 4 patas y se paraba de nuevo.  Entonces salieron unos muchachos a ver qué me pasaba.  Les conté y uno empezó a halar el caballo con la soga mientras otro lo empujaba pero el Mulo no se movía y otro dijo: «yo creo que le tiene miedo a la bombilla del frente», mandó que la apagaran y el Mulo continuó la marcha tranquilamente.  El pobre animal no había visto una bombilla prendìa nunca y sabe Dios lo que pensó.

Luego fué un proyecto explicarle a Papi por qué me tardé tanto.

El Final del Mulo

El Mulo era un animal humilde y sencillo.  No era de paso fino ni de andadura.  Era un animal de trabajo y era trotòn.  Nunca usò silla de montar, ni freno, ni pellisa y mucho menos, herraduras.  Su equipo de trabajo era el aparejo, la rodilla, la gorupa, la apretaera y el jaquimòn.  No tenía un establo por lo que dormìa a descampado.

Cuando mis hermanos Conchin y Viso volvieron a la finca a trabajar con Papi, quisieron modernizarse y Papi les comprò un jeep que era mas viejo que el mismo Mulo y este ya no era necesario.  Al poco tiempo, lo negociaron por un potro joven de paso elegante y mas brioso que Romero Barceló.  Ese, se llamaba Tribilìn y del Mulo no se supo más.  El caballo de 40 pesos cumpliò su jornada y el potro joven e inexperto tomó su lugar en todo menos en el trabajo.  Finalmente se lo regalaron a Anibal el de Carmìn quien lo vendiò de inmediato.

No sè que pasò finalmente con el Mulo, pero sè que trabajò arduamente en nuestra finquita y deleitò a grandes y chicos de la familia durante muchos años.

Lo Próximo

Esta serie del Mulo ha sido un éxito taquillero.  Pasamos ahora a dedicar esta sección a otros cuentos interesantes y jocosos. Queremos para ello la participación de todos.  Así que si tienes un cuento que quieras compartir con la familia hazlo, posiblemente le hagas el día,  como lo ha hecho El Mulo con muchos.

Un Mulo Para La Historia (Episodio 4) Por: Tony

Un Mulo Para La Historia (Episodio 4) Por: Tony

Un Mulo Para La Historia (Episodio 4) Por: Tony

Un domingo de fiestas patronales coincidimos en la plaza de Barranquitas un grupo de primos entre los que estaba Toñin, Peyito, Romàn el de Tio Fero, mi hermano Luis y yo.
Yo les digo, «me voy porque tengo que ir en El Mulo a llevarle unas verduras a Tio Fero a Orocovis».
Ellos dijeron. «Pues vamonos todos juntos y te acompañamos».
Nos fuimos, buscamos el mulo con dos sacos de verduras y arrancamos pa Orocovis.
Como éramos muchos y el camino era de más de una hora decidimos turnarnos para ir en  El el Mulo uno a uno.
Cuando estabamos llegando al rio que era muy caudaloso en ese tiempo, Toñin que siempre fuè más ganso y truquero empezò a cojear y a quejarse de dolor en una pierna y nos pidiò que lo dejàbamos cruzar el rio en El Mulo porque casi no podia caminar. Nosotros aceptamos porque sabíamos que El Mulo cuando llegaba al medio de un rio se acostaba y se revolcaba en el charco un buen rato.
Tonñin se montò en El Mulo y cuando llegaron a lo hondo del charco El Mulo se acostò y empezò a revolcarse y tanto Toñin como los dos sacos de verduras se fueron rio abajo. Mientras Toñin pedia auxilio,  nosotros estábamos esmoyejaos de la risa y El Mulo gozando en el charco. Finalmente rescatamos las verduras y a Toñin que parecia un pollo con moquillo. Cuando El Mulo saliò, se sacudiò, mirò a Toñin y relinchò en tono burlòn.
Al llegar a casa de Tio Fero, le hicimos el cuento, dejamos a Romàn y regresamos a casa pero sorpresivamente Toñin se habìa recuperado de la cojera y cruzò el rio a piè.
El Mulo se diò otro revolcòn en el charco y volvimos a turnarnos nuevamente en el camino mientras Toñin estaba más serio que un mocho al sereno.
Esta miniserie continuarà.

Un Mulo Para La Historia (Parte 3) Por: Ramón Luis (Monche)

Un Mulo Para La Historia (Parte 3) Por: Ramón Luis (Monche)

Un Mulo Para La Historia (Parte 3) Por: Ramón Luis (Monche)

Inspirado en la historia de Tony y Celestino, quiero compartir otro episodio del famoso Mulo:

Resulta que teniendo yo unos 10 años y estando el Mulo nuevamente prestado en Palo Hincado, Pacheles me mandó con Peyines a llevarle unas semillas de plátano y viandas a Tío Vicente. Recuerdo que hacía un sol candente, posiblemente un sábado. Y que Pacheles, al no haber sacos suficientes, había usado uno de un nido de gallina recién sacá, que tenia una peste inaguantable.
En uno de los sacos iban las semillas. En el otro iba la vianda. Y en el campo amarraban los sacos de carga haciendo unas X’s con soga sobre el aparejo y ya. Pero los sacos no pesaban igual.
Pacheles nos trepó al caballo, porque con la carga era muy alto. Peyo guiaba el caballo, ya sabía un poquito. Pero según avanzábamos, la carga se iba inclinando a un lado. Y no podíamos bajarnos del caballo porque no podríamos volver a montarnos. Entonces Peyo me decía, «tienes que treparte encima del saco y hacerle peso». Pero yo estaba embarrado de miedo porque, sin el problema de la carga era y ya me veía en el piso…Además, unas 30 libras de peso no harían diferencia. Así que no me movía.
Llevábamos el caballo a paso de hormiga para no caernos. Y aunque aterrados, lo logramos hasta llegar a la recta de la tienda de Don Nito. Fue por allí cuando un hijo de Pablo Fuentes (no recuerdo cual) nos ve y nos dice: «Ay bendito, qué clase ‘e jinetes, así no llegan nunca. Y cogiendo una vara, le metió tres fuetazos al caballo diciendo «muévete condenao».
Mulo abrió patas a correr como lo tenían acostumbrado en casa de tío. Y en menos de un minuto la carga se viró, Peyo y yo arrastrábamos sobre una gravilla caliente con los sacos encima. Recuerdo las peladuras en brazos, nariz, etc. Los que estaban alrededor, desaparecieron corriendo. Nosotros, como pudimos, llegamos a la tienda de Don Nito. Y al explicarle, empezaron a curarnos. Alguien alcanzó el caballo, se montó y fue a avisar a casa de tío.
Entonces llegó creo que Tony en el caballo, encojonao. Preguntando quién le había pegado al caballo. Le dijeron porque algunos habían visto. Nos ayudó y terminó de curarnos con alcohol. La rivalidad duró tiempo con los Fuentes. Con ayuda volvió a montar los sacos y nos dijo: «vengan, les ayudo a montarse y yo llevo el caballo a pie». Peyo y yo nos
miramos y Peyo le dijo: «no, móntate tú en el caballo; ya estamos cerquita. Nosotros nos vamos a pie».  Y así fue. Llegamos a pie, con el ardor y con la peste a huevos hueros encima.
Cuando se supo en Palo Hincado, Peyo y yo pasamos por héroes, víctimas de los villanos Fuentes. Pacheles sólo dijo: «carajo, si se pegaban a un barranco, se bajaban y arreglaban la carga.»

 

Un Mulo Para La Historia (Parte 2) Por: Celito

Un Mulo Para La Historia (Parte 2) Por: Celito

Un Mulo Para La Historia (Parte 2) Por: Celito

Lo siento por los que esperaban que Tony continuara la historia de El Mulo.  Me pidió que lo sustituyera porque está muy ocupado con los cabros, los bonsay y las clases de cocina.  Me dijo que escribiera lo que me diera la gana, aunque fueran embustes.  Le hice caso en lo primero pero les juro que todo lo que leerán a continuación es verídico.
En casa tampoco había caballo.  Y todo lo que se cargaba en la agricultura era al hombro.  Un día llegó papi a casa con un caballo.  «Me lo prestó el compay Vicente, se llama El Mulo» nos dijo.  Nosotros quedamos perplejos porque nunca habíamos visto a papi montado en un caballo.  Lo cierto es que El Mulo se convirtió en la atracción de la semana.  Ahora nosotros, en vez de cargar, ayudábamos a papi a montar la carga.  Cuánto nos ayudó ese mulo.  Cargábamos semillas de plátanos, malangas, guineos y mucho más.  Papi lo aprovechó hasta el máximo.  Resulta que a veces le ponía unas banastas y nos metía a Ramón Luis y a mí en las banasta para hacer contrapeso a la carga.  Yo pesaba como 25 libras así que no hacía mucha diferencia.

Cuando terminó la semana papi nos dijo: «Junior y Celito, mañana se levantan temprano y le llevan el caballo al compay Vice».  Esa noche yo no dormí del nerviosismo y el susto.  Por la mañana papi trajo El Mulo y nos dió unas instrucciones básicas.  «Si quieren que doble a la derecha, a la izquierda, para parar le jalan la soga, para arrancar le gritas ch ch ch y le das unos cantasitos.»  Todo sonaba fácil, Junior se subió sólo al caballo  pero yo era chiquito y papi me montó.  Yo iba jincho.  Junior siguió las instrucciones y jendimos jalda arriba en dirección de la casa de Don Guillo. 
Todo muy bién hasta que se acabó la cuesta.  Allì mismo frente a la casita de don Guillo el caballo se paró y no iba ni patras ni palante.  Yunior me dijo «bájate» y yo me tiré sin pensarlo.  Junior hizo todo lo inimaginable y el chabao caballo no caminaba.  Entonces se bajó y comenzó a jalarlo.  Lograba que diera dos pasos pero nada más.  Nos sentamos a mirar el caballo y asustaos por lo que conllevaba no poder llevarlo a su destino final.  Yo empecé a llorar.  Era una tragedia.  Junior me dijo «deja de llorar que pareces una nena».  Entonces a mí se me ocurrió «hay que llamarlo por su nombre para que camine.»  «¿Y cómo se llama?»  Y ninguno nos acordábamos del nombre.  Entonces Junior se volvió a montar y como que fué más firme con el ch ch ch y un par de cantazos y El Mulo comenzó a caminar.  ¿Pero y cómo yo me montaba?  Iba Junior en el caballo y yo atrás corriendo por la finca que lleva a la casa de Madrina Andrea donde  recibió cantazos de ramas porque aquella finca no tenia camino ancho.
Entonces Junior logró parar el caballo , tenia que bajarse para montarme.  Cuando me montó el caballo comenzò a caminar y Junior me gritaba jálale la soga hasta que logré que se detuviera y  se pudo montar.  El resto del camino fué bastante llevadero, con excepción de que en la bajada después de la tienda de Nito el caballo comenzó a correr a las millas de chaflán y yo por poco me tiro.
Cuando llegamos Tio Vicente nos dijo  «yo los esperaba más temprano, tuvieron algún problema?».  » No, ninguno, todo muy bién.  Es que salimos tarde.»  A pues coman algo y le voy a enviar a Monche unas semillas de apio, para que se las lleven.  Y escuchamos cuando dijo:  «Tony ve y amarra El Mulo.»  Y Junior y yo nos miramos.  «Se llama El Mulo.»  Si ellos supieran el suplicio que pasamos para llegar vivos con el chavao caballo.  Creo que en mi vida fue la primera y ultima vez que me monté en un caballo.

 

Un Mulo Para La Historia (Parte 1) Por: Tony

Un Mulo Para La Historia (Parte 1) Por: Tony

Un Mulo Para La Historia (Parte 1) Por: Tony

Mi padre Vicente Rivera (el caballero de la lima y el machete) era agricultor.  De niño, trabajábamos una pequeña finca a mano,  pues no teníamos vehículos ni bueyes ni caballos.  Solo teníamos una vaca y una cabra.
Un buen día llegó a casa nuestro vecino Don Fico Pérez y le dijo a Papi: «me voy a mudar con la familia pa’niuyol y quiero que ujté se quede con el Mulo. (el mulo no era un mulo; era un caballo que le decían Mulo porque pujaba mucho). Papi le dijo que no tenia dinero para comprar nada pero Don Fico le dijo: «Se lo voy a dar por 40 pesos y me los paga poco a poco cuando pueda. Además le doy los aperos, el freno, el jaquimón y la soga». Era un combo agrandado por 40 pesos y fiao. Se estrecharon la mano y dejaron el Mulo en casa.
Nosotros estábamos mas contentos que un perro con dos rabos y el Mulo se convertía en nuestro juguete y ayudante en la finca. En él cargábamos todo, hacíamos la compra, paseábamos y visitábamos la familia hasta en Orocovis. Y era mejor que un 4 x 4 porque no había fanguero que lo detuviera, mansito, obediente y económico. Fueron sin duda los mejores 40 pesos que Papi gastó y el gesto de Don Fico fue la mejor muestra de lo que es un buen Amigo.
Muchas anécdotas y cuentos hay sobre el Mulo, los cuales publicaremos próximamente. Mientras tanto usen su imaginación para experimentar la alegría que un caballo de 40 pesos pudo llevar a una familia pobre y numerosa de Los Latos.
Esta historia continuará.